viernes, 27 de mayo de 2016

Tener hijos

Modificado de un texto de autor desconocido

Nada te cambiara de manera tan permanente como te cambia un hijo.

Trabajas con más ganas y dedicación, después de todo existe un pequeño ser totalmente dependiente de ti, y eso te convierte en un profesional con un empuje que ninguna otra situación te daría. Los hijos nos hacen superar todos los límites.

Comienzas a preocuparte de hacer algo por el mundo pues eres el ejemplo de ser humano de tu hijo y nada puede ser más grande que eso.

Comienzas a cuidar más tu salud, comes las verduras que dejó en su plato. Plantas en tu jardín para tener alimentos frescos.

Tener un hijo te enfrenta a tu propia sombra. Un hijo trae a flote tus peores defectos cuando (estas cansado pues tu hijo despertó varias veces en la noche y luego en la tarde) llora con intensidad porque no lo dejas jugar con la (peligrosa) caja de herramientas. Tienes ganas de gritar, salir corriendo, te sientes impaciente y autoritario. Pero con todo ese amor que le tienes lo educas. Aprendes a respirar profundo, agacharte, extenderle la mano a tu hijo y entender la situación a través de sus pequeños ojitos.

Un hijo te hace ser una persona más prudente. Nunca más vas a volver a conducir sin cinturón, manejar de forma arriesgada, o beber y conducir, por el simple hecho de que no puedes morir (no tan temprano) ¡¿Quién criaría y amaría a tus hijos de la misma forma en tu ausencia?! Un hijo te hace querer más que nunca estar vivo.

Y al final del día de trabajo, cuando llegas a casa y tu hija te recibe con esa hermosa y contagiosa sonrisa y con ese abrazo apretado, es maravilloso sentir que eres la persona más importante del mundo entero para ese pequeño ser.

Tener hijos me ha re-enseñado la delicia de un baño con espuma, de un chorro de agua en el calor, de correr con el perro, de comer fruta con las manos.

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